VERANO QUE TRANSFORMA: TALLERES PARA EL DESARROLLO INTEGRAL DE LAS NIÑAS Y NIÑOS DEL PUERICULTORIO PÉREZ ARANÍBAR
Durante el verano, la Fundación Ignacia llevó adelante un conjunto de talleres especialmente dirigidos a las niñas, niños y adolescentes del Puericultorio Pérez Araníbar, como parte de su compromiso permanente con el desarrollo integral de la infancia en situación de vulnerabilidad. Estas actividades representan una acción concreta alineada con la misión institucional de promover bienestar, dignidad y oportunidades de crecimiento para quienes más lo necesitan.
Los talleres de verano fueron concebidos como espacios de aprendizaje vivencial, recreación estructurada y fortalecimiento de habilidades, brindando a los participantes experiencias significativas que impactan positivamente en su calidad de vida. Más allá de ocupar el tiempo libre durante el periodo vacacional, el programa buscó generar rutinas saludables, contención emocional y entornos seguros donde el juego y la creatividad se convierten en herramientas educativas.
La propuesta incluyó un variado conjunto de actividades deportivas como atletismo, fútbol y surf, orientadas a estimular el movimiento corporal, mejorar la coordinación motora y fomentar hábitos de vida activa. A través del deporte, los niños y niñas fortalecieron no solo su condición física, sino también valores fundamentales como la disciplina, el trabajo en equipo, la perseverancia y el respeto por los demás.
Para los más pequeños, los talleres de psicomotricidad y coordinación ojo–mano–pie cumplieron un rol clave en el desarrollo temprano, favoreciendo el equilibrio, la conciencia corporal y las habilidades motoras básicas. Estos espacios fueron complementados con actividades integrales para infantes y terapia de lenguaje, contribuyendo al fortalecimiento de la comunicación, la expresión y el vínculo con su entorno.
El arte y la creatividad ocuparon un lugar central dentro del programa. A través del gráfico-plástico, el teatro, el baile K-Pop y el maquillaje artístico, los participantes encontraron canales de expresión emocional y autoafirmación. Estos talleres permitieron explorar talentos, reforzar la autoestima y construir identidad, especialmente en la etapa adolescente, donde el reconocimiento personal y el sentido de pertenencia adquieren especial relevancia.
La cocina se convirtió en un espacio educativo que trascendió la preparación de alimentos. En este taller, los niños y adolescentes aprendieron hábitos saludables, nociones básicas de nutrición y practicaron habilidades sociales como la colaboración, la responsabilidad y el respeto por normas comunes. Cocinar juntos fortaleció vínculos y transmitió aprendizajes útiles para la vida cotidiana.
El valor principal de los talleres radica en su enfoque integral. Cada actividad fue pensada para acompañar el desarrollo físico, emocional, social y creativo de los participantes, promoviendo relaciones sanas entre pares y fortaleciendo capacidades como la empatía, la comunicación y la convivencia. La participación, guiada por facilitadores comprometidos, permitió crear ambientes de confianza donde cada niño y niña pudo sentirse escuchado, valorado y acompañado.
Para la Fundación Ignacia, estos talleres constituyen una expresión viva de su misión: cuidar la vida desde sus primeras etapas y ofrecer oportunidades reales de desarrollo. Cada sesión fue una oportunidad para descubrir habilidades, construir confianza y sembrar esperanza. Así, el verano se transforma en un tiempo de crecimiento y aprendizaje, reafirmando que invertir en la infancia es apostar por un futuro más humano y solidario.