LA FUNDACIÓN IGNACIA RINDE HOMENAJE PERMANENTE A SU FUNDADORA CON DOS ESCULTURAS DE DOÑA IGNACIA RODULFO VDA. DE CANEVARO
La Fundación Ignacia ha culminado la instalación de dos esculturas en bronce de Doña Ignacia Rodulfo Vda. de Canevaro, fundadora patrimonial cuyo legado testamentario dio origen a una de las obras de asistencia social más importantes del país y continúa sosteniendo, hasta nuestros días, la misión institucional de la Fundación.
Este homenaje busca reconocer, de manera permanente, a la mujer cuya profunda fe y caridad cristiana transformaron un patrimonio personal en un legado de servicio para miles de personas en situación de vulnerabilidad. Más de un siglo después, su voluntad continúa haciéndose realidad a través de las instituciones beneficiarias que reciben el apoyo de la Fundación.
La decisión de erigir estas esculturas responde también a un acto de justicia histórica. Aunque el legado de Doña Ignacia ha hecho posible la continuidad de esta obra social durante generaciones, su figura no contaba con una representación permanente en los espacios que preservan la memoria institucional. Con esta iniciativa, la Fundación busca fortalecer la identidad institucional y mantener viva la memoria de quien hizo posible esta misión.
Un lugar de honor en el Puericultorio Pérez Araníbar
Uno de los bustos ha sido instalado en el hall principal del Puericultorio Pérez Araníbar, institución cuya creación fue impulsada por un grupo de extraordinarios benefactores comprometidos con la protección de la niñez.
Allí, Doña Ignacia ocupa ahora el lugar que le corresponde junto a Víctor Larco Herrera y Miguel Echenique, con quienes compartió la visión de crear un espacio destinado a brindar cuidado, educación y oportunidades a niños en situación de vulnerabilidad.
Completa este conjunto Monseñor Luis Armando Bambarén Gastelumendi, S.J., ilustre jesuita peruano que, ya en el siglo XXI, dedicó los últimos años de su vida al servicio del Puericultorio y al bienestar de sus niños. La presencia conjunta de estas cuatro personalidades resume más de un siglo de compromiso con la niñez, expresado desde distintas épocas y circunstancias, pero inspirado por un mismo espíritu de servicio.
La incorporación de Doña Ignacia completa, además, el relato histórico del Puericultorio. Ella fue la mujer que hizo posible esta obra mediante un legado inspirado en la caridad cristiana, mientras que quienes hoy la acompañan contribuyeron decisivamente a su desarrollo, fortalecimiento y continuidad.
La Casa Hacienda San Juan Grande: el lugar donde el legado continúa
La segunda escultura ha sido instalada en la Casa Hacienda San Juan Grande, sede de la Fundación Ignacia.
Su ubicación posee un profundo significado institucional. Desde este lugar se proyecta el legado testamentario de Doña Ignacia, procurando que su voluntad continúe traduciéndose en acciones concretas de apoyo a niños, personas con discapacidad, adultos mayores y otras poblaciones especialmente vulnerables.
Más que un homenaje, la escultura constituye un recordatorio permanente para quienes integran la Fundación de que cada decisión debe inspirarse en los principios que guiaron la vida de su fundadora: la caridad cristiana, la responsabilidad en la administración de los bienes confiados y el compromiso inquebrantable con el servicio a los más necesitados.
Un legado que sigue construyendo esperanza
Las esculturas de Doña Ignacia no solo preservan la memoria de una mujer excepcional; también proyectan hacia el futuro los valores que dieron origen a la Fundación.
Su presencia en el Puericultorio Pérez Araníbar y en la Casa Hacienda San Juan Grande une el pasado con el presente. En un lugar, recuerda el nacimiento de una obra destinada a proteger a la niñez. En el otro, inspira la gestión cotidiana de una institución que continúa haciendo realidad su voluntad testamentaria.
Porque el mayor monumento a Doña Ignacia no es el bronce que hoy perpetúa su imagen, sino la obra viva que, generación tras generación, sigue llevando esperanza, dignidad y oportunidades a quienes más lo necesitan.