101 AÑOS SEMBRANDO CARIDAD: EL LEGADO DE FE Y ENTREGA DE DOÑA IGNACIA QUE SIGUE VIVO
El 14 de octubre de 2026, la Fundación Ignacia conmemora 101 años de existencia. Más de un siglo después de su creación, la institución mantiene plenamente vigente la voluntad de su fundadora: servir al prójimo con un profundo espíritu de caridad cristiana, llevando alivio y esperanza a quienes más lo necesitan.
El 14 de octubre de 1925 marcó el inicio de una obra de amor destinada a trascender la vida terrenal de su creadora. En estricto cumplimiento de la voluntad expresada por Doña Ignacia Rodulfo y López Gallo en su testamento —suscrito el 9 de abril de ese mismo año—, se instaló la Junta encargada de dar continuidad a su obra de bien. Así nació la Fundación Ignacia, como la materialización de un mandato evangélico de amor y desprendimiento.
Doña Ignacia fue una mujer limeña de profunda fe católica y una extraordinaria sensibilidad hacia los sufrientes. Su vida fue un testimonio vivo del Evangelio: mucho antes de su partida, practicó la caridad de manera discreta y constante, siguiendo la enseñanza cristiana de que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Procuró siempre que su ayuda llegara de forma efectiva y silenciosa a los más desvalidos. Su decisión de consagrar un patrimonio para sostener esta labor permitió que su vocación de servicio, cimentada en el amor a Dios a través del prójimo, continuara inalterable a través del tiempo.
Un legado que se convirtió en misión
Durante más de un siglo, la Fundación ha trabajado con celo para mantener vivo ese propósito sagrado. Su labor se ha orientado especialmente a niños y adultos mayores en situación de extrema vulnerabilidad, apoyando a instituciones de la Iglesia y la sociedad civil que desarrollan una labor directa de cuidado, protección, educación y asistencia.
Entre las instituciones beneficiarias que reciben este soporte se encuentran:
- El Albergue Central Ignacia R. Vda. de Canevaro
- El Asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados
- El CEBE N.° 07 “La Inmaculada”
- El CEBE N.° 09 “San Francisco de Asís”
- El Hogar de la Congregación Misioneras de la Caridad
- La Iglesia San Pedro
- El Instituto de Ciencias Neurológicas
- El Puericultorio Pérez Araníbar
A lo largo de este tiempo, la Fundación ha sabido adaptarse a las transformaciones sociales y económicas del país, preservando intacto el sentido esencial de su misión. De un modelo inicialmente asistencial, ha evolucionado hacia una gestión orientada a generar mejores condiciones de vida y un impacto social sostenible, apoyando programas de salud, alimentación, infraestructura, educación y asistencia profesional, viendo en cada beneficiario el rostro de Cristo.
La caridad cristiana como legado vivo
Llegar a los 101 años no significa solamente mirar hacia atrás. Significa reconocer que una obra nacida de una convicción espiritual y personal puede convertirse, con la gracia del tiempo, en una misión institucional capaz de atravesar generaciones.
La historia de la Fundación demuestra que la caridad cristiana trasciende las épocas cuando se transforma en un compromiso permanente con el hermano necesitado. Esta caridad no se limita a una ayuda material puntual: busca acompañar, proteger y devolver la dignidad a las personas, permitiéndoles vivir con fe y esperanza en el futuro.
Incluso en los momentos de mayor incertidumbre social, la Fundación ha procurado mantener su promesa de servicio. Durante la crisis de la pandemia de COVID-19 en 2020, la institución no detuvo sus programas; por el contrario, redobló esfuerzos brindando ayudas extraordinarias de alimentos, medicinas y soporte profesional a las instituciones hermanas que acompaña.
101 años: mirar adelante con fe
El Centenario celebrado en 2025 permitió reconocer una historia de cien años de servicio ininterrumpido. Este nuevo aniversario nos invita a dar un paso más allá: proyectar ese legado de amor cristiano hacia el futuro.
Hoy, la Fundación renueva su compromiso de custodiar y hacer fructificar la voluntad piadosa de Doña Ignacia, fortaleciendo el vínculo con las instituciones beneficiarias y buscando que cada recurso destinado a la acción social se traduzca en una bendición concreta para las personas.
A 101 años de aquel 14 de octubre de 1925, permanece intacta la esencia de la obra: una institución al servicio de los más vulnerables, inspirada en la fe, la caridad y la voluntad de una mujer que quiso que su amor al prójimo perdurara más allá de su propia vida terrenal.
Hoy, más de un siglo después, la semilla de caridad sembrada por Doña Ignacia sigue dando frutos para la gloria de Dios.