IGNACIA AL LADO DE LAS PERSONAS CON DISCAPACIDAD: UNA AYUDA QUE PERDURA
Cada 16 de octubre, el Perú conmemora el Día Nacional de la Persona con Discapacidad, una fecha que promueve el reconocimiento de sus derechos y su inclusión social. La jornada permite recordar también una preocupación presente en la obra de doña Ignacia Rodulfo y López Gallo: la atención y protección de personas que requerían especial ayuda.
A fines del siglo XIX e inicios del XX, cuando aún no existían los conceptos ni las políticas de discapacidad e inclusión actuales, las personas ciegas, sordas o con otras limitaciones afrontaban grandes dificultades. Ignacia comprendió que no podían quedar desatendidas. Esa convicción, nacida de su profunda fe cristiana, se manifestó durante su vida y quedó plasmada después en medidas destinadas a dar continuidad a su obra.
UN COMPROMISO DEFINIDO
Entre las instituciones favorecidas por su testamento estuvo el Instituto de Niños Ciegos, dedicado a brindar atención y educación a menores con discapacidad visual. Ignacia dispuso que parte de sus recursos contribuyeran al sostenimiento de esta obra, en una época en la que las posibilidades educativas para estas personas eran todavía muy limitadas.
También destinó ayuda al Hospicio de Incurables, que atendía a personas afectadas por enfermedades graves y que requerían cuidados permanentes. Ambas decisiones formaron parte de una preocupación más amplia por quienes enfrentaban situaciones de enfermedad, abandono o especial vulnerabilidad.
Su testamento estableció que las rentas producidas por sus bienes fueran destinadas a diversas obras de piedad y beneficencia. De esta manera, la ayuda que había practicado durante años dejó de depender únicamente de su presencia y adquirió un carácter permanente.
DE UNA OBRA A OTRA
Con el paso del tiempo, las instituciones señaladas por Ignacia experimentaron transformaciones. El antiguo Instituto de Niños Ciegos dio paso posteriormente a dos centros de educación básica especial que continúan siendo beneficiarios de la Fundación Ignacia: el CEBE La Inmaculada y el CEBE San Francisco de Asís.
Actualmente, el primero atiende a niños, niñas y adolescentes con discapacidad auditiva y multidiscapacidad, mientras que el segundo brinda atención a menores con discapacidad visual, sordoceguera y multidiscapacidad. La Fundación mantiene con ambos una relación permanente de apoyo orientada a contribuir con la atención, educación y desarrollo de sus estudiantes.
También continúa la vinculación con el antiguo Hospicio de Incurables, cuya trayectoria institucional llega hasta el actual Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas. Así, parte de las decisiones adoptadas por Ignacia hace más de un siglo siguen teniendo efectos concretos en personas que necesitan atención especializada.
DIGNIDAD Y SERVICIO
La manera de comprender la discapacidad ha cambiado profundamente desde los tiempos de Ignacia. Hoy se reconocen derechos fundamentales relacionados con la igualdad de oportunidades, la accesibilidad, la educación, la autonomía y la participación en la sociedad.
Ignacia actuó dentro de las condiciones y concepciones de su tiempo. Sin embargo, su preocupación por los niños ciegos y por otras personas que requerían especial protección fue más allá de una ayuda circunstancial: buscó asegurar la continuidad de esa atención.
En el Día Nacional de la Persona con Discapacidad, esas disposiciones adquieren una especial significación. La continuidad de su voluntad a través de la Fundación permite observar cómo una obra nacida de la caridad cristiana sigue llegando, más de cien años después, a personas con discapacidad y a instituciones dedicadas a su educación y cuidado.
Es también una expresión concreta de la manera en que Ignacia vivió su fe: acercándose a quienes necesitaban mayor apoyo y procurando que esa atención perdurara en el tiempo.