evento 25 Mayo 12:00 am

DEL CUIDADO AL DESARROLLO: FUNDACIÓN IGNACIA IMPULSA PILOTO INNOVADOR DE COMEDOR TERAPÉUTICO FUNCIONAL EN EL CEBE LA INMACULADA

La Fundación Ignacia ha iniciado una nueva etapa en su trabajo a favor de niñas y niños con discapacidad, incorporando un enfoque innovador que busca transformar una intervención tradicionalmente asistencial en una experiencia orientada al desarrollo de capacidades y la autonomía.

Como parte de este proceso, se implementará un piloto de Comedor Terapéutico Funcional en el CEBE La Inmaculada, institución educativa especializada que atiende a niños y adolescentes con discapacidad auditiva, multidiscapacidad y distintos niveles de dependencia funcional.

La propuesta parte de una convicción sencilla pero profundamente transformadora: las actividades cotidianas también pueden convertirse en oportunidades de aprendizaje y desarrollo.

Durante años, la Fundación Ignacia ha subvencionado la alimentación de niñas y niños en los Centros de Educación Básica Especial (CEBE), contribuyendo a cubrir una necesidad esencial para su bienestar. Hoy, sin dejar de atender esa necesidad, la Fundación incorpora un valor agregado que busca potenciar el impacto de la intervención.

El nuevo modelo propone que el momento de alimentación deje de ser únicamente una actividad de asistencia para convertirse en un espacio estructurado de intervención terapéutica, educativa y funcional.

En el Comedor Terapéutico Funcional, el niño no solo recibe un alimento. También fortalece habilidades que contribuyen a una mayor independencia y participación en su vida diaria.

Aspectos como el uso de utensilios, la coordinación motora, la postura, la comunicación de necesidades, la regulación conductual y la interacción social forman parte del proceso que se desarrolla durante el momento de alimentación.

Se trata de una intervención integrada que articula el trabajo de auxiliares de educación, terapeutas, personal de alimentación, nutrición y especialistas, bajo un mismo objetivo: favorecer la autonomía y mejorar la calidad de vida de los estudiantes.

El piloto contará además con un sistema sencillo de seguimiento y evaluación que permitirá medir avances en indicadores funcionales asociados al desempeño del niño durante la alimentación, generando evidencia que contribuya a fortalecer y perfeccionar el modelo.

Este enfoque se encuentra alineado con recomendaciones internacionales que promueven intervenciones centradas en habilidades funcionales y autonomía para niños con discapacidad, aprovechando los entornos cotidianos como espacios de aprendizaje y desarrollo.

Asimismo, el modelo incorpora un componente fundamental: el trabajo interdisciplinario. La experiencia demuestra que los mejores resultados se logran cuando distintos profesionales actúan de manera articulada, compartiendo objetivos y estrategias en beneficio del niño.

Más allá del cambio metodológico, la iniciativa refleja una visión institucional que mira hacia adelante: pasar de la asistencia al desarrollo, de la atención aislada al trabajo integrado, y de las rutinas cotidianas a oportunidades reales de crecimiento.

Porque, cuando cada espacio se convierte en una oportunidad de aprender, también se construyen más autonomía, más participación y una mejor calidad de vida.